A seis años de mandato presidencial de Felipe Calderón Hinojosa, la administración panista nuevamente demostró que sus promesas de campaña no quedaron más que en eso, en simples y vacías promesas.
El gobierno del todavía presidente Calderón pasará a la historia nacional por ser uno de los presidentes más controvertidos en el México contemporáneo; debido al cuestionamiento a su legitimidad, derivado de la controversia política y electoral que lo llevó al poder, y los pésimos resultados de sus compromisos de campaña, situados fundamentalmente en la promesa de fortalecer la economía, el empleo y la seguridad pública.
A lo largo de su campaña electoral, Calderón manifestó y aseguró la idea de que si llegaba a la Presidencia de la República sería reconocido como “el Presidente del empleo”, ya que en su sexenio crearía al menos 5 mil fuentes laborales (que hasta el día de hoy no han quedado más que en la salida de la reforma laboral); No obstante, diversos especialistas, intelectuales, juristas, periodistas y líderes políticos y sociales, entre otros, han coincidido en la recta final del gobierno del presidente Calderón, que su régimen va a terminar en la opacidad, sin logros en economía, creación de empleos y seguridad pública; y marcado por importantes retrocesos en materia de paz y seguridad interna, debido a la creciente violencia y renovada delincuencia por la que atraviesa nuestro país.
Hoy en día el desempleo es una realidad social que ha mermado las capacidades de consumo de los mexicanos, quienes aunado a este fenómeno, han empeorado su nivel de vida por la alta incidencia de sobreendeudamiento de las familias mexicanas.
Además durante el desarrollo del sexenio Calderonista, el visceral secretario del Trabajo de esa administración, Javier Lozano Alarcón, no sólo incumplió con la creación de nuevos empleos que dejaran satisfechas las necesidades de los mexicanos, sino que utilizó prácticas incendiarias que ahogaron a movimientos sindicales como el polémico caso de la desaparición de Luz y Fuerzas del Centro, bandera que defendió profusamente el SME.
En toda su gestión, sus principales funcionarios no pudieron o no quisieron cicatrizar las heridas de la elección del 2006. La división entre los mexicanos fue evidente y eso se reflejó, porque vimos cómo las reformas necesarias no lograban los consensos, y ni siquiera fueron capaces de lograr que el entonces Presidente de México —Vicente Fox— pudiera entrar a la Cámara de Diputados para entregar la banda presidencial.
Desde que tomó el poder, Calderón Hinojosa planteó una desestabilización en la seguridad, que quedó corta porque no se atacó de raíz el lavado de dinero y eso permitió que se multiplicaran los 'gerentes' en las organizaciones criminales.
La falta de transparencia para conocer el desarrollo de programas de seguridad, montos y evaluaciones del personal de altos mandos, aún prevalece estancada; además de que la descoordinación entre dependencias se mostró al grado que no lograron ponerse de acuerdo en la metodología para clasificar la cantidad de asesinatos, denuncias y matanzas que se registraron durante su mandato.
El Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) reporta que desde que tomó el poder en el 2006 hasta julio de 2012, se tienen registrados un total de 105,142 homicidios dolosos en el país, y a la fecha, no sabemos cuántos de ellos son producto de la rivalidad delictiva, cuántos son de riñas personales o cuántos de problemas añejos que tomaron la oportunidad de plantarles una cartulina y los procuradores estatales en 'tirarlos al saco' por la delincuencia organizada.
Tanto han afectado las decisiones que el gobierno de Calderón ha tomado que México vive una severa crisis de justicia y seguridad pública, que se generó alrededor de hace tres décadas y que se fortaleció en los últimos diez años, provocando de facto un Estado de excepción, caracterizado por la militarización, la represión, criminalización de la lucha social, así como, una creciente violencia, que el mismo presidente ha provocado ante su impertinencia injustificada de combatir el crimen organizado.
Además no podemos olvidar que La “guerra en contra del narcotráfico”, que niega el Estado y ahora dicen que es por el pueblo; es producto de la forma de cómo ascendió al poder Felipe Calderón totalmente cuestionado y sin apoyo social, lo que le llevó a buscar mecanismos para legitimar su gobierno, atender las exigencias norteamericanas de cooperación y darle acentuada continuada a lo que habían hecho sus antecesores Ernesto Zedillo que lanzó la Cruzada Nacional contra el Crimen y la Delincuencia el 26 de agosto de 1998 y en enero de 2001, la Cruzada contra el Narcotráfico y el Crimen Organizado por Fox.
Y qué decir del panorama económico nacional, que se ve difícil y complejo al revelar los datos del IMSS y del INEGI la existencia de una economía con profundos desequilibrios sectoriales, regionales y sociales, estancada con bajísimo crecimiento, al revelarse que el crecimiento en 2011 del PIB nacional de 3.8 por ciento, arroja un promedio de 0.8 en 5 años de la gestión del año de Calderón, cuando con Fox fue de 2.3 por ciento, Zedillo 3.4 y Salinas 3.9, dándonos como resultado que en economía, el actual gobierno, es el peor que se ha tenido en los últimos 30 años, con excepción de Miguel de la Madrid, que fue todavía peor, al vivir una caída de la economía hasta el 0.2 por ciento.
Las políticas públicas de los últimos gobiernos, especialmente de Calderón, han producido un fracaso y estancamiento de la economía, contracción en la inversión y el mercado interno y la pérdida del poder adquisitivo, creando condiciones de extrema pobreza y carencias de millones de habitantes en empleo, alimentación, vivienda, vestido, salud, educación y servicios.
La economía transpira el fiasco del modelo neoliberal implementado desde el régimen del priista con Miguel de la Madrid (1982-1988), estancándonos aún más en un profundo abismo entre pobres y ricos, y desde finales de 2011, con una devaluación de más del 30 por ciento en fuga de capitales y alto costo de la vida, en medio de una brutal violencia e inseguridad en las calles, similar al de un estado de guerra.
El presidente Felipe Calderón está por irse y sabemos que debemos tener en cuenta de que aún cuando se vendió como el presidente del empleo, buscó por todas las formas posibles, validarse ante una situación en las urnas en el 2006, que le dejaba mal parado ante la mitad de los mexicanos que fueron a votar.