REPORTAJE - TRANSGÉNICOS

CONSUMIR O NO CONSUMIR, ¡HE AHÍ EL DILEMA!

Para muchos un severo peligro a la salud humana, para otros, la cura al hambre mundial ¿Son realmente los transgénicos una gran aportación a la agricultura o un problema de magnitud?
Vivimos en una época extraordinaria de cambios agigantados hacia todas direcciones, en la que se destaca el ser humano como la especie animal dominante, capaz de modificar el ambiente a su conveniencia.

Este hecho no es nuevo, data desde que el hombre practica la agricultura dando como consecuencia una serie de procesos y conocimientos acerca del mejoramiento de los seres vivos, entre ellos las plantas. Cabe mencionar que esto ha posibilitado la creación de una tecnología aplicable a ellos, una biotecnología.

Aproximándonos a su definición, se entiende por biotecnología al conjunto de conocimientos que se utilizan para modificar plantas, animales y microorganismos para lograr mejorar la calidad de vida del hombre. Según esto, resulta evidente su uso en la solución de problemas que aquejan a la sociedad, sobre todo uno muy importante: el hambre.

Es posible que los alimentos derivados de transformaciones genéticas generen efectos alérgicos y tóxicos en los individuos, mientras que, su distribución adecuada podría proveer a cada habitante de una dieta basada en tres mil 500 calorías por día. Es así, como Monsanto, empresa dueña de todas las semillas de soya transgénicas, deja en desempleo a miles de pequeños campesinos.

Monsanto es un proveedor global de tecnologías y productos para la agricultura que busca mejorar la productividad del campo y la calidad de la alimentación, esta empresa llega a México en 1950, posteriormente se fusiona con Adhesivos Resistol S.A. en 1971 y tras el lanzamiento de su herbicida FAENA, que se convirtió en el más vendido en el país, adquiere Searle y comienza a operar sobre los endulzantes creando la marca “Canderel” en 1985.

Al paso que esta organización crecía en nuestro país, las leyes en cuanto a transgénicos también lo hacían. En 1992, Monsanto decide centrarse en los productos agrícolas y la biotecnología teniendo su matriz en E. U., en 1996 la Secretaría de Salud aprueba el uso de algunos productos transgénicos, y en el 2005 se aprueba en México la ley de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados, un año después, se incluye a esta ley el maíz transgénico, permitiendo con esto, su cultivo.

Estos alimentos surgieron con la idea de reducir a las mitad los 800 millones de personas que están muriendo de hambre, ya que permiten aumentar la productividad de los cultivos de mayor consumo como el trigo, tomate, arroz y principalmente el maíz. Sin embargo, se cree que esto es sólo la “cara bonita” que presentan las industrias transnacionales, pues en realidad lo que desean es controlar la producción de los principales cultivos en el mundo y crear una mayor dependencia de los agricultores hacia ellos.

En respuesta, Greenpeace, advierte que los alimentos transgénicos son  producto de la codicia de las corporaciones agro biotecnológicas, que su seguridad no está garantizada y que pone en riesgo a las variedades mexicanas por sus características de fácil infección, trasladando genes que contaminan las áreas de cultivo.
Pero, ¿Cuál es la opinión de un médico? Genaro Correa trabaja en su propio consultorio ubicado por el metro Narvarte, el cual ha realizado diversas conferencias relacionadas a la salud, además, es profesor de medicina en la Universidad Justo Sierra. El Dr. Correa ha tenido en su consultorio casos de personas infectadas a causa de alimentos transgénicos, enfrentando un nuevo reto en su carrera se ha visto obligado a investigar más respecto al tema con el fin de poder ayudar a sus pacientes.

Los alimentos transgénicos son aquellos que incluyen en su composición algún ingrediente procedente de un organismo al que se le ha incorporado, mediante técnicas genéticas, un gen de otra especie. La mayoría de los casos que se han presentado responden a alergias relacionadas a la aparición de nuevos tóxicos en los alimentos. No obstante, el doctor Genaro Correa, también ha podido observar que algunas veces, pacientes que han tenido contacto con transgénicos, tienen mayor resistencia a los antibióticos que les receta retardando el proceso de curación.

Entre las dudas que lo invaden está la repercusión que el consumo de estos alimentos pueda causar en la fertilidad, puesto que en resultados arrojados por experimentos de científicos franceses sobre la reproducción de ratones; se obtuvo que, los que ingirieron transgénicos tuvieron menor número de crías; no obstante, en la actualidad no se han realizado estudios de fertilidad sobre seres humanos, así como tampoco en cuanto a las demás posibles afecciones derivadas de los transgénicos;en consecuencia a la falta de información, él no puede asegurar totalmente que las personas víctimas de alergias o con una reacción más lenta a los medicamentos, por la implicación de sustancias empleadas en la composición química de algunos antibióticos, sea en consecuencia de estos productos, ya que su estudio se basa en preguntas superficiales que no conllevan análisis puesto que tampoco se sabría que buscar.
Su hipótesis, es que los alimentos transgénicos son utilizados para alimentar el ganado, por resultar más baratos, y las desventajas que tienen los transgénicos son que pueden producir alergias en personas que son susceptibles y con menor resistencia a los antibióticos. La carne que consumimos produce reacciones alérgicas. Él opina que antes debemos informarnos sobre qué productos están modificados genéticamente y exigir una ardua investigación sobre los riesgos de los transgénicos. Por otro lado, el Doctor Genaro Correa, afirma que estos transgénicos tienen beneficios, los cuales muchos de los investigadores científicos no han dado a conocer; en cuestión de salud se pueden obtener alimentos con mayores nutrientes que los que tienen las especies naturales.

La organización no gubernamental Food First, de Estados Unidos afirma, por su parte, que el hambre en el mundo tiene relación con la mala distribución de los alimentos y no con la ausencia o presencia de los transgénicos. Por lo cual no está de acuerdo con la empresa Monsanto que es la dueña de todas las semillas de soja transgénica que se cultivan en el mundo y recibe por ello regalías de miles de agricultores, es por esa razón que la empresa americana no acepta la labor de dicha empresa. 

Monsanto sostiene que espera ampliar sus ventas de semillas transgénicas para el bien de América Latina, pero muchos agricultores se resisten a abandonar antiguos derechos y tradiciones para depender de una sola firma, cuya oferta de rendimiento ha sido puesta en duda por el propio Departamento de Agricultura de Estados Unidos. En México hay evidencia de que especies nativas fueron mezcladas con una variedad transgénica y los científicos discuten hasta qué punto se verá afectada tanto la economía de esta empresa como la sociedad. 

Para saber sobre que tanto puede afectar nuestra salud la ONG explica que la ingeniería genética puede afectar la seguridad de los alimentos fundamentalmente de tres maneras:
La alteración o inestabilidad de los genes puede hacer que las plantas produzcan nuevas toxinas.
Las proteínas que produce el gen extraño puede ocasionar alergias o toxicidad.
Disminución en la capacidad de fertilidad.

Los científicos han encontrado evidencias claras de riesgos para la salud en parámetros sanguíneos asociados con las funciones renales y hepáticas.
Se ha hecho un estudio a través de ensayos realizados por la multinacional empresa Monsanto, que comercializa los tres maíces. El equipo científico examinó los datos de ensayos con ratas que se presentaron para conseguir los resultados finales, que eran hasta ahora confidenciales y han sido obtenidos en muchos casos por vía judicial. 

Los cambios observados con los tres maíces transgénicos siguen varios patrones típicos en el sistema metabólico. De hecho, el equipo científico también critica duramente la forma en la que los datos fueron analizados por Monsanto, sin cumplir las reglas estadísticas internacionales.

Desde otra perspectiva una pasante de Química en Alimentos, de la Facultad de Química en la UNAM, Aidee Olvera, que actualmente se encuentra en la elaboración de su tesis, opina que los transgénicos son alimentos que se realizan a base de cultivos de semillas germinadas en laboratorio.

Por otro lado, considera que los alimentos transgénicos tienen muchos beneficios ya que aportan una mayor cantidad de nutrientes a comparación de los alimentos naturales, además de que son más resistentes a las plagas, lo que asegura una mayor calidad en los alimentos, esto debido a que son realizados en laboratorio bajo las condiciones que se requieren, así mismo, con estos procedimientos se disminuye el uso de pesticidas que puedan afectar el alimento, y por lo tanto, la salud del ser vivo.

Otro de los beneficios que explica la pasante universitaria es que, al cultivar la semilla en laboratorio, bajo las condiciones de temperatura adecuada y cuidados esenciales, el crecimiento del alimento es más rápido, por lo tanto puede existir un aumento en la producción de productos y a su vez, un beneficio económico para la empresa que lo elabora.
Aidee Olvera menciona que debido a los cuidados y la dedicación que se les brinda en la producción de estos alimentos, además de ser analizados mediante normas, se confirma la seguridad de estos alimentos, y por ende el riesgo por consumirlos es nulo.
Pero ya que sabemos la opinión de los científicos y expertos en distintas áreas de ciencia y salud, la sociedad debe de estar más informada a través de lo que es el marco legal de los transgénicos el cual, nos menciona que desde 1998 se ha intentado introducir la siembra y comercialización de alimentos genéticamente modificados, pero no se ha obtenido su aprobación por parte del gobierno debido a un factor cultural, pues se teme que la introducción de maíz genéticamente modificado implique la desaparición del maíz criollo.

Ante esta información que se recoge constantemente en los medios de comunicación, uno se pregunta ¿hasta qué punto puede elegir libremente el consumidor, tomar o no alimentos transgénicos? y ¿cómo se encuentran contemplados en la legislación?

La Comisión Europea posee un Reglamento sobre nuevos alimentos y nuevos ingredientes alimentarios que se aplicará a los alimentos e ingredientes alimentarios que contengan organismos modificados genéticamente, que consistan en dichos organismos, o que hayan sido producidos a partir de ellos pero que no los contengan.

Los alimentos e ingredientes alimentarios contemplados en el Reglamento no deberán suponer ningún riesgo para el consumidor ni inducir a error al consumidor. Por ello deberán ser sometidos a una evaluación de seguridad única y a una evaluación de riesgo medioambiental antes de ser introducidos en el mercado de la Unión Europea. Además, la Comisión ha presentado una propuesta, como medida de transición en el etiquetado de los productos genéticamente modificados, que pretende que incluya la siguiente información en el etiquetado:

Etiquetas específicas para los organismos modificados genéticamente que quieran introducirse en el mercado.
Ciertos datos moleculares que serían incluidos en un registro.
Después de este escándalo, los senadores debatieron este tema y aprobaron la Ley de Bioseguridad de Organismos Modificados Genéticamente, el 15 de febrero de 2005 con 87 votos a favor, 16 en contra y 6 abstenciones.
México tiene el potencial para crecer en la comercialización de transgénicos. Un ejemplo de esto, es el permiso hacia las empresas comercializadoras de la semilla y la soja, lo que permitirá a los productores mejorar su productividad y ser competitivos en el ámbito mundial, utilizando las mejores herramientas disponibles para el control de plagas y el manejo de malezas. Un ejemplo muy claro sería la empresa MASECA. 
Maseca una empresa líder en México, ha lanzado recientemente una nueva campaña publicitaria en la que afirma que el maíz de Maseca es “natural” y es “el mejor maíz de esta tierra”. La verdad es que la harina Maseca contiene maíz genéticamente modificado, que no ha sido sembrado y cosechado en México, puesto que no hay permisos para sembrar maíz transgénico en nuestro país. 

Esto representa un riesgo porque no hay certeza de que el consumo de transgénicos no provoque daños de salud a mediano o largo plazo; cabe mencionar que en el caso de comprar maíz estadounidense sin alguna modificación genética, la oferta aun así ya está garantizada; ya que el 55 por ciento de todo el maíz que produce ese país no es transgénico.

Tras la publicación del reglamento que abre las puertas a los cultivos transgénicos, innumerables comunicados fueron emitidos por gremios de agricultores, sectores de la gastronomía, académicos, consumidores y por el Ministerio del Ambiente, dicha instancia pidió no olvidar que los organismos vivos modificados son propiedad de empresas que decretan patentes sobre ellos. “Esto no solo no favorece a nuestros pequeños agricultores, sino que les puede ocasionar una dependencia económica y tecnológica, que la mayor parte de ellos no está en la capacidad de afrontar”, advierte el MINAM.

Héctor Velázquez, director ejecutivo de la Red de Acción en Agricultura Alternativa (RAAA), argumentó que la tecnología por la que se crean los transgénicos resulta incompatible con la realidad geográfica de biodiversidad genética y de una agricultura familiar predominante. Exaltó que existan casos registrados en el mundo de contaminación genética de las variedades nativas de algunos cultivos, móvil que originó que sus productores terminaran pagando las regalías a las empresas transnacionales dueñas de las patentes.

Por su parte, la Junta Nacional de Usuarios de los Distritos de Riego del Perú considera que estas normas “encierran intereses empresariales y condenan a la pequeña y mediana agricultura a la debacle al obligar al campesino a convertirse en dependiente de esas semillas”.

Para Fernando Cillóniz, experto en temas agrícolas, esta hipótesis es tonta, porque nadie puede obligar a un agricultor a comprar semillas transgénicas. Por el contrario, señaló que la agricultura transgénica aumentará la productividad de algunos cultivos, como el maíz amarillo duro, y que puede salvaguardarse algunas zonas territoriales a la agricultura orgánica, como ocurre en otras partes del mundo. También, puso en entredicho las supuestas denuncias de contaminación genética en Estados Unidos y Canadá, según consultas que realizó a la FAO.

La FAO advierte: "No es posible esperar una creación de empleos con las nuevas tecnologías. Esto afectará fundamentalmente a la agricultura en todas partes y tendrá un papel determinante en el futuro de los más pobres".

En la actualidad ya se han dado infinidad de casos que muestran claramente los  efectos que el sistema de patentes de semillas y su explotación por empresas privadas tiene sobre la economía de los pequeños y medianos agricultores, los cuales van siendo sometidos a una nueva esclavitud.
Una de las mayores críticas al modelo de revolución verde fue la dependencia que generó entre varios tipos de agricultores para la compra de insumos externos (semillas, maquinaria, agro tóxicos). Ahora los cultivos transgénicos vienen amarrados a la compra de los herbicidas que ofrecen las transnacionales profundizando la dependencia. Los agricultores ecológicos luchan por liberarse de los venenos de la química agrícola y también de los venenos de la dependencia económica. 

Paralelamente, muchos agricultores que no desean someterse al cultivo de semillas patentadas, ven con impotencia como no pueden evitar sufrir diversos efectos provocados por los cultivos transgénicos.

En la Jornada hace algunos años apareció una nota sobre cómo la empresa Syngenta a través de la agencia de seguridad NF Seguranca, había mandado a matar a tres importantes activistas de Brasil que estaban en contra de los transgénicos por lo cual, el periódico argumenta “Es trágico que junto a Syngenta, todas las trasnacionales de transgénicos (Monsanto, Dupont-Pioneer, Dow, Bayer, Basf) están entre los principales fabricantes mundiales de agro tóxicos, y todas tienen en su haber probados y monstruosos crímenes, por ejemplo, envenamiento de cientos de trabajadores y/o comunidades con sus tóxicos, muchas veces a sabiendas de los riesgos a los que los exponían. La acción de Syngenta en Paraná es un asesinato brutal, pero lamentablemente no es la única criminal. Todas muestran el mismo desprecio por la vida de la gente. Ahora, son las que nos aseguran que sus semillas transgénicas “no tienen ningún riesgo”.

Estas firmas parecen aspirar con medios como patentes de plantas, licencias, derechos de propiedad intelectual y juicios contra agricultura por violar el monopolio de una empresa sobre determinada variedad de semillas a que los agricultores de todo el mundo necesiten volver, año tras año, para comprarles semillas y, en algunos casos, incluso los compuestos químicos para cultivarlas. 
Frente a esta situación la sociedad lleva años movilizándose, y cada vez es más evidente el mayor rechazo social a estos cultivos. 

Es cierto que para sobrevivir nuestro deber es adaptarnos a los cambios que surjan y sin dudar, uno trascendental es el aumento demográfico que señala que aproximadamente para para el 2025 seamos 8.000 millones de habitantes en el mundo. Y no queda claro que la introducción de estos alimentos en el mercado ha desatado una polémica que, sobre todo en Europa, enfrenta a consumidores y organizaciones ecologistas con las grandes multinacionales que los distribuyen. El problema es complejo y no se puede abordar de una forma sencilla ni general, puesto que uno de los principales argumentos de los defensores de los alimentos transgénicos es que la biotecnología podría contribuir a la desaparición de las hambrunas que, hoy en día, siguen sufriendo los países en vías de desarrollo. 

La mayoría de los habitantes de estos países son pequeños agricultores, cuyos cultivos se encuentran a merced de las plagas y las inclemencias del tiempo. La manipulación genética permitiría instaurar cultivos resistentes a las plagas o a la sequía, mejorando la situación. 

Pero para que fuese de verdad efectiva, la instauración de estos cultivos debería ir acompañada del desarrollo de técnicas agrícolas más efectivas, de un uso racional del agua y de un reparto de tierras más racional, como proponen los autores de una revisión publicada por la revista Science, sobre las posibilidades que ofrece la biotecnología para mejorar la alimentación en todo el mundo.

Y por ende, el  continuo crecimiento poblacional y con creciente demanda de alimentos, gigantescas transnacionales esperan vender enormes cantidades de semillas manipuladas genéticamente y patentadas como una de las posibles soluciones al hambre del planeta dado que alimentar a semejante población es todo un reto. Así, científicos como Pilar Carbonero, bioquímica e ingeniera agrónoma, afirma que la agricultura biológica es un capricho de niños ricos. 

Entre los anuncios públicos en periódicos británicos como parte de la campaña de Monsanto para promover los alimentos manipulados genéticamente, uno afirmaba que la ingeniería genética es necesaria para alimentar a un planeta hambriento. 

No obstante, el objetivo de reducir el nivel de pobreza de 1990 a la mitad en 2015, empieza a ser una quimera si tan solo observamos que pese al desarrollo y extensión de los OGM, soja, arroz, maíz y trigo, fundamentalmente, la cantidad de personas que padece hambre pasó de 834 a 852 millones entre 1995 y 2002. 

Delegados africanos en una conferencia de la FAO y a través de delegación conjunta, se opusieron radicalmente a que las gigantescas multinacionales utilicen las imágenes de los pobres y hambrientos del continente africano para impulsar una tecnología que no es segura ni beneficiosa para el ambiente ni para la economía.

Pero ¿Realmente llegará un momento en que se sepa a ciencia cierta si los transgénicos son seguros para el consumo? Y en dado caso de ser aprobados, ¿Realmente representarán un beneficio para la humanidad? Las alteraciones siempre serán un tema emblemático y las empresas siempre tendrán fines de lucro, tal vez sólo sea cuestión de llegar a un acuerdo donde todas las partes ganen pero, ¿En qué, de qué forma todos los involucrados quedan satisfechos?

Sin duda alguna la polémica y enfrentamiento que surge alrededor de la transgénesis sigue ofreciendo alternativas importantes para la resolución de muchos problemas agrícolas del mundo, en general, y de nuestro país, en particular. Cerrarse a esta posibilidad implicaría cerrarse al desarrollo tecnológico de nuestra época, con el consecuente retraso económico y social. Es responsabilidad de la comunidad científica no sólo promover el desarrollo de estas nuevas tecnologías, sino también evaluar sus beneficios y posibles riesgos. Es responsabilidad de los gobiernos salvaguardar la seguridad, la salud y el entorno de sus gobernados. También, es deber de los gobiernos promover el desarrollo tecnológico que permita mejorar las condiciones de vida de sus gobernados. La confluencia de estas dos premisas se hace tangible en el uso de las plantas transgénicas, como alternativa para el mejoramiento de la agricultura en México.